Siempre me ha llamado la atención la expresión en su punto como respuesta a la pregunta ¿cómo quiere usted la carne? Porque pocas respuestas habrá más ambiguas que ésta. Pues no, a mí no me gusta la carne en su punto; a mí me gusta la carne en mi punto, es decir, como a mi me gusta. Y con las mermeladas me pasa lo mismo.
En la Embajada hacemos
nuestras propias mermeladas artesanales (
naranja amarga,
fresa,
ciruela Claudia,
melón con ron...). Las hacemos para consumo propio y, como no puede ser de otra forma, las hacemos
a nuestro gusto. Partiendo de que la elaboración de mermelada es un método de conservación de la fruta,
buscamos que el producto final sea lo más parecido al original. El resultado son unas mermeladas con
menos azúcar de lo habitual,
menos dulces, con bastante
más fruta y con la fruta bastante
más entera.
Y ese es el handicap al que se enfrentan todas las mermeladas comerciales;
mermeladas que no están hechas a nuestro gusto, sino al gusto de quien las elabora (y en algunos casos ni eso).
¿Qué pasa con las
mermeladas y jaleas Bubub? Pues, sencillamente, que
Curro Fatás y Susana Azanza las hacen con muy buen gusto. Son mermeladas
artesanales de principio a fín; desde la limpieza y pelado de la fruta hasta el cierre y etiquetado de los botes. Mermeladas en las que la fruta tiene la presencia y el protagonismo que tiene que tener (no son mermeladas baratas, por lo tanto). Y, sin embargo, no son unas mermeladas salvajes, asilvestradas, fruta en estado puro como las de la Embajada. Son
mermeladas finas, delicadas, hechas
con mucho amor, con
recetas únicas y originales que, casi siempre, incluyen
un toque de licor e incluso de especias.
Y a esos ingredientes naturales sólo les añaden
azúcar, que actúa como conservante,
y alga agar, que funciona como gelificante,
reduciendo así los
tiempos de cocción y manteniendo en mayor medida los
vivos colores y otras propiedades naturales de la fruta.
El producto final
se presenta en frascos de diseño con unas etiquetas y estuches que recuerdan más a cosméticos y cremas de cuidado facial que a simples confituras. Y es que sus autores lo tienen claro;
las mermeladas Bubub son regalos que se comen, a veces incluso a cucharadas, como si fuesen yogures.
Ya lo véis, las mermeladas de Susana y Curro nos cautivaron, hasta el punto de que en esta Embajada hemos decidido nombrarles
Agregados Gastronómicos en la Sierra del Moncayo. Y ¿qué decir de la visita? Nos tuvieron
todo el rato con la boca abierta, flipando como niños ante un cuenta-cuentos.
Ahora a ver si se atreven con
el reto del Embajador y son capaces de elaborar una
jalea en honor al Conde Negroni.
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1 comentarios:
Splendido post, ti faccio i miei complimenti, un saluto affettuoso
M.G.
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